Castidad. Si se le dice esta palabra a la mayoría de los adolescentes de hoy día, se quedan con la mirada en blanco. ¿Acaso nadie tiene idea de las enseñanzas sobre cómo se ha de vivir de manera moral? Cuando hay jóvenes que contraen enfermedades, quedan embarazadas o incluso mueren, la respuesta es: "Yo no lo sabía". La castidad no es sólo abstinencia. Es pureza de mente y vivir de manera moral. Es importante vivir castamente para evitar el embarazo premarital, el sida y cualquier otra enfermedad de transmisión sexual, y para impedir que el sexo se convierta en algo "casual".
La pregunta más frecuente entre los adolescentes de hoy día, es: "¿Por qué tenemos que esperar? ¿Acaso todos los demás se abstienen de la vida sexual?" Antes que todo, el sexo no es sólo un acto: el sexo es una gracia, un regalo, para que lo compartan el hombre y la mujer dentro de un contexto adecuado y definido, colaborando con la procreación de nuevas vidas. Tres de cada cuatro parejas que han vivido juntas fuera de los lazos matrimoniales, terminan en una audiencia de divorcio. Estas parejas valoran el placer más que el compromiso, y confunden la lujuria con el amor.
Reservar el sexo para el matrimonio nos salva de caer en situaciones falsas. Lo que presentan hoy la televisión, las telenovelas y el cine, es falso. Presentan el sexo como un pasatiempo grato y sin frenos para los adultos jóvenes. Pero no revelan las consecuencias crueles y nocivas del sexo premarital. La verdad es que muchas personas sufren de enfermedades que amenazan sus vidas, y criaturas inocentes se quedan sin padres, o incluso son abortadas.
Al mismo tiempo que presentan el sexo como un pasatiempo, excluyen el hecho de que el acto sexual crea la vida humana. Esto lleva a los adolescentes a creer que el sexo carece de responsabilidad. Pero no todos se han entregado a la vida sexual, y esperar hasta recibir el santo sacramento del matrimonio, es garantizar que viviremos con Dios en el cielo por toda la eternidad.
Además del embarazo premarital, la vida sexual antes del matrimonio también tiene por consecuencia el contraer enfermedades tales como sida, sífilis y herpes II. Estas enfermedades se conocen como STD (por su sigla en inglés): enfermedades de transmisión sexual.
Tal como escribió C. Everett Koop: "Cuando usted ejecuta un acto sexual con alguien, lo está haciendo con toda la gente con que esa persona tuvo trato sexual durante los últimos diez años".
Lo cual multiplica las posibilidades de contraer una enfermedad fatal. Algunas de estas enfermedades de transmisión sexual son terminales, llevan a la muerte, o causan cáncer. Una dolencia como la sífilis causa desórdenes cerebrales, afecciones del corazón, muertes y defectos de nacimiento en los niños. Se ha descubierto que las nuevas manifestaciones de las enfermedades sexuales se han vuelto capaces de resistir los tratamientos médicos.
Además de evitar el contraer enfermedades de transmisión sexual o el embarazo premarital, vivir castamente impide que el sexo se convierta en algo casual. Para conservar la condición sagrada del sexo, hay que saber decir no cuando las circunstancias inviten. Dicho de otra manera, que tu sí sea sí y que tu no sea no.
La mayoría de las personas adolescentes que contraen una enfermedad de transmisión sexual, o que quedan embarazadas antes del matrimonio, dicen después: "No supe cómo decir no". Hay muchas maneras de decir no. No es necesario darle al novio una conferencia de 30 minutos sobre por qué queremos conservar la virginidad. Una forma de decir no al sexo premarital es mantenerse lejos de quienes cometen este pecado mortal. La conciencia nos ayuda a discernir entre lo correcto y lo incorrecto, y si nuestro corazón nos dice no, hay que seguir a nuestro corazón.
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