Es importante que las parejas se manifiesten su cariño, pero
a veces algunas parejas no pueden llegar a conocerse. Están demasiado
ocupadas besándose y abrazándose (entre otras cosas) cuando
tendrían que estar hablando de los profundos sentimientos de
sus corazones.
Es necesario rehabilitar el afecto y colocarlo en su lugar, purifi-cado
de connotaciones sexuales. El cariño puro y noble es algo maravilloso.
Los besos no son algo malo, es una forma concreta de manifestar el cariño.
Pero cuidado, no todos los besos dicen te quiero, hay algunos
que dicen quiero tomar este placer de ti. Algunos besos
nos pueden volver egoístas o nos predisponen a ir más
lejos. Los besos cuando sólo buscan el bien de la otra persona
son una maravillosa expresión de amor y satisfacen una necesidad
humana.
¿Qué pasa con las expresiones de cariño en público?
Aconsejo que sean muy pocas y sólo en los lugares oportunos:
pasear de la mano; besos breves de saludo o de despedida, un abrazo
en el aeropuerto, tomar su mano durante una cena: Pero las caricias
insistentes y los besos repetidos reclaman intimidad, vida privada...
Comportarse educadamente tiene como objeto, en primer lugar; lograr
que los demás se sientan cómodos. A todo el mundo le resulta
realmente incómodo ver que un hombre y una mujer son incapaces
de apartar sus manos el uno del otro.
El cariño, como escribió Karol Wojtyla (Juan Pablo II)
en Amor y Responsabilidad no tiene como objeto el disfrute, «sino
la sensación de cercanía» (4). Compartir el cariño,
«tiene el poder de librar al amor de los distintos peligros implícitos
en el egoísmo de los sentidos... ». «El afecto es
un importante factor del amor, pero exige un profundo control personal»
En ocasiones, una persona descubre que su novio/novia está poco
preparado para el cariño; tiene dificultades para abrazar o acariciar
juiciosamente. Algunas veces; este problema se debe al temor al acercamiento
sexual, como consecuencia de nuestra cultura impregnada de sexo ó
quizá podría deberse a que él/ella proviene de
una familia donde las manifestaciones externas de afectos eran escasas.
En ambos casos, yo recomendaría hablar de este tema con delicadeza
y diplomacia, y promover el hábito de compartir un cariño
honesto, virtuoso. Esto puede aprenderse, pero poco a poco; sin presión
externa.
Otra causa de la timidez ante el cariño puede ser el bloqueo
psicológico producido por una mala experiencia anterior. En este
caso, por su propio bien y el de la futura familia, debería recibir
el asesoramiento de un especialista, para llegar a la raíz del
problema.
No cabe duda de que el ambiente cultural influye en las modas del cariño.
En general, los latinos, filipinos y algunos europeos orientales se
sienten cómodos besando y abrazando a la familia y a los amigos.
Esto no significa que los de otros lugares se satisfagan con un afecto
mínimo. Muchos estudios afirman que las demostraciones físicas
de cariño son una terapia para todo el mundo, con independencia
de la nacionalidad...
Respecto al cariño con los hijos, Gary Smalley afirma en su libro
The Blessing que, «una caricia elocuente puede evitar que un niño
satisfaga esta necesidad en los lugares equivocados». El mismo
Jesús hizo que los niños se acercaran a Él, «y
abrazándolos, los bendecía imponiendo las manos sobre
ellos» (Mc 10, 16). Juan Pablo II llega a afirmar que los niños
tienen un «derecho especial al cariño». Smalley defiende
también que una caricia elocuente produce beneficios psicológicos,
disminuye la presión sanguínea y puede añadir dos
años a la vida del marido.
Muchos padres dejan de abrazar o de besar a sus hijas cuando llegan
a la adolescencia. Quizá se debe a que, como las hijas van siendo
ya mujeres, piensan que no conviene prodigarles muestras de cariño.
Se equivocan: el que un padre dé a su hija un buen abrazo, un
abrazo casto, lo dice todo de él. Los psicólogos que han
estudiado las tristes consecuencias de esas omisiones coinciden en aconsejarlo
encarecidamente. El afecto es una gran ayuda para el bienestar mental
y un aspecto importante del noviazgo.










