Iniciamos comentando de los casos que conocíamos de chicas que teniendo nuestra edad ya eran madres. Otras, que en cambio creyeron haber conocido al amor de su vida y le entregaron su virginidad, resultando que al poco tiempo el susodicho las deja por otra, amigos que sufrieron lo mismo. ¡Que pena! Cómo la juventud que es la etapa más bella de la vida puede ser estropeada por una mala decisión, por querer ser “grandes” y olvidar cuán valiosos somos y más aún, cuan valioso es el amor de verdad.
¡¿Dónde quedaron las chicos y chicos de verdad?! Aquellas que se hacían respetar y aquellos que tenían los “pantalones bien puestos” y no se dejaban llevar por su instinto. Desde cuando se dice “te amo, pero si me lo demuestras”. El verdadero amor sabe esperar, no tiene “peros” ni límites, es aquel en que el uno busca el bienestar del otro y en especial lo respeta.
Pero hay otros ejemplos: el novio de una amiga era el “perro” más auténtico que se pueda pensar, pero estaba loco por ella, ¿saben por qué realmente se enamoró de ella? Porque ella era distinta a las demás, se hacía respetar y aunque de principio eso lo molestaba, poco a poco él la valoró tanto que ahora van mucho tiempo juntos y su amor es verdadero.
Chicas, chicos… no olvidemos lo que nuestros padres nos enseñaron, de lo que están orgullosos de nosotros. Si decimos que somos muy maduros, entonces demostrémoslo con nuestras acciones. No cambiemos la felicidad de nuestra juventud entera por la de una noche, o tal vez un momento. Amemos de verdad empezando por valorarnos a nosotros mismos y a la persona que será nuestra pareja. Los baciles, “free loves”, amigos con derechos, todo eso lo único que hace es daño a nosotros mismos, a nuestro corazón. No entreguemos todo de nosotros, nuestro tesoro, a algo que no es seguro. No hay más amor que aquel dispuesto a pasar toda la vida con su persona amada.
Después de horas de conversa con mis amigas, llegamos a una buena conclusión: hicimos un pacto, para algunos cursi, para otros no. Nos guardaremos para aquel que lo merezca, para aquel que nos ame pero de verdad.










