Todos los jóvenes en cada rincón del mundo tienen una gran necesidad de amar; hay muchos de nosotros que pensamos que cuando entregamos nuestro cuerpo a alguien especial vamos a ser correspondidos por siempre y que así vamos a alcanzar la ansiada felicidad. Pero tristemente la realidad es otra, la mayoría de las veces nos tenemos que enfrentar a consecuencias muy duras. ¿Quién no conoce a una madre soltera? ¿O a alguien que tiene SIDA? O simplemente, ¿a jóvenes con un vacío inmenso que no hay nadie que lo pueda llenar?
Esto sucede así porque cuando entregamos nuestro cuerpo no sólo estamos dando la parte física, sino también nuestras ilusiones, nuestros valores, nuestro futuro y nuestra felicidad. Tener relaciones sexuales, como ven, es algo sumamente importante, no es cualquier cosa. Pues, hay que entregar ese tesoro de tu sexualidad a alguien que valga la pena, que lo aprecie.
Pero, ¿quién será esa persona? Simplemente, alguien que ame la verdad con un amor especial, un amor que no es egoísta, ni aprovechado, sino un amor paciente, que dé sin pedir nada a cambio, que sepa esperar, que sea comprensivo, responsable y principalmente, comprometido.
Es en el matrimonio donde se sientan las bases para que este tipo de amor florezca y permanezca a pesar del tiempo. Es el lugar donde se vive una felicidad plena, sin remordimientos, sin ningún tipo de consecuencias, con seguridad y confianza en el futuro. Y además, con la alegría natural de los hijos que vienen a fortalecer la unión de los esposos.
Es importante que los jóvenes aprendamos a esperar hasta el matrimonio, viviendo en castidad y autocontrol. Pero no una castidad reprimida, triste y obligada, sino de forma alegre, con plena convicción, ejerciendo nuestra propia voluntad y sabiendo que esa decisión es la mejor para nuestro futuro. Igual que lo hacen miles de jóvenes Provida alrededor del mundo y también de Panamá, dando un ejemplo de templanza, de quererse y respetarse a sí mismos y a su cuerpo.
Es hora de despertar, jóvenes; de demostrar cuánto valemos, que no somos sólo hormonas, que también tenemos neuronas y somos capaces de razonar y tomar la mejor decisión para nosotros. Acordémonos que nuestro cuerpo es templo de Dios, y por lo tanto debemos cuidarlo y defenderlo como lo más preciado que tenemos.
El amor y el noviazgo
El noviazgo es una etapa que sirve para la preparación al matrimonio, y enriquece a cada persona si es llevado correctamente.
Los jóvenes como nosotros, durante la adolescencia sentimos el bullir de nuestras hormonas, dando paso a una serie de transformaciones físicas, psicológicas, emocionales, éticas y sociales. Es también durante esta etapa de adolescencia cuando nuestros sentimientos y nuestra atracción por el sexo opuesto están a flor de piel. Esta etapa de nuestras vidas es muy hermosa y es donde debemos tener mucho cuidado y saber distinguir entre una relación sana y buena, y un capricho con malas intenciones.
En todo noviazgo y en cada aspecto de nuestra vida familiar y de amigos debe existir algo en común, que es el AMOR. El amor no es primeramente un sentimiento, el amor es ante todo una acción.
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