Etimológicamente la palabra aborto proviene del latín abortus, participio del verbo aborior, palabra compuesta que significa:
ab = privar y orior = levantarse, salir, aparecer, nacer.
El aborto se define como la interrupción del embarazo antes de las 20 semanas de gestación o con un peso fetal menor a 500 grs., con la consecuencia de muerte del producto de la concepción, sea éste viable o no.
El aborto puede ser espontáneo o provocado. Es espontáneo cuando se produce por alguna patología del concebido o de algún progenitor, independiente de la voluntad de ellos o terceros por lo que no hay responsabilidad directa al respecto. Ocurre generalmente durante el primer trimestre de embarazo.
El aborto provocado o voluntario se trata de aquel resultante de un acto humano en la que hay maniobras destinadas directamente a terminar con el embarazo provocando la muerte del aún no nacido. Es producido por la acción de terceras personas.
Cuando se efectúa la interrupción de un embarazo, es muy importante distinguir aquellos casos en que ésta es realizada con la intención de dar muerte al individuo de la especie humana que se está gestando, sea éste viable o no, que propiamente es un aborto, de aquellos procedimientos que sólo tienen por objeto inducir el parto interrumpiendo el embarazo, pero no el desarrollo del ser en gestación, en la perspectiva de lograr el bienestar tanto de la madre como del hijo; es decir que no implican ni en los métodos empleados ni en la intención de la eliminación deliberada del hijo. En esta última circunstancia se trata de un parto prematuro.
El aborto provocado lo podemos clasificar de la siguiente manera:
Aborto “libre”: es el realizado bajo el supuesto derecho que tendría la mujer al interrumpir su embarazo, con la consecuente eliminación del fruto de la concepción, invocando para ello cualquier razón.
Aborto eugenésico: es aquel que se realiza con la intención de eliminar el feto, cuando es portador de alguna malformación menor o incompatible con la vida, o existen enfermedades genéticas, con la excusa de evitar el sufrimientos al recién nacido o a la madre. Es el caso de los fetos anencefálicos (sin cerebro), en los cuales se sabe con certeza que sobrevivirán pocas horas o en el caso del Síndrome de Down (enfermedad genética). Cuando hay malformaciones incompatibles con la vida o enfermedades genéticas invalidantes o esclavizantes sugerir un aborto, es lo mismo que decirle a una madre a la que se ha dicho que su hijo tiene una enfermedad terminal, que lo mate antes que muera para evitarle a él y ella un sufrimiento mayor.
Aborto selectivo: se refiere a la reducción fetal selectiva, que pretende eliminar, en el caso de embarazos múltiples, algunos embriones con el fin de que los otros tengan mejor posibilidad de sobrevivir. En los países donde se ha legalizado el aborto, esta práctica es habitual en los procedimientos de fecundación artificial y transferencia embrionaria FIVET.
Aborto “social”: es aquel destinado a provocar la muerte del embrión o feto en gestación cuando éste ha sido el producto de alguna agresión sexual o relación incestuosa. A este tipo de aborto se le suele denominar también aborto “por honor”.
Aborto “terapéutico”: consiste en interrumpir voluntariamente del embarazo antes de que el feto sea viable, con el fin de preservar la salud de la salud de la madre, porque corre “riesgo vital”, con el embarazo. Esto implica valorar la vida de la madre por sobre la del hijo y actuar deliberadamente eliminando la vida del hijo. Con los avances médicos en conocimientos y tecnología, prácticamente no se dan este tipo de situaciones, aunque todavía hay patologías maternas que pueden agravarse frente a un embarazo, raramente podrían causar la muerte materna y no impiden mantener ese embarazo hasta asegurar que el feto sea viable.
En cuanto a los mecanismos que se utilizan para provocar los abortos, los hay caseros, farmacológicos y quirúrgicos, pero todos con el mismo resultado de muerte del ser en gestación.
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