Físicas: La mujer que se hace un aborto, se enfrenta a una serie de riesgos tanto físicos como psicológicos, los cuales si bien no producen la muerte, la puede dejar con consecuencias que las llevará de por vida.
Entre la consecuencias y complicaciones físicas, las más frecuentes son la infección y después las hemorragias, sobretodo cuando se han hecho en forma clandestina, puesto que las medidas de asepsia e higiene son bastante precarias. La infección, primariamente ataca el tracto genital femenino, se disemina por el cuerpo provocando septicemia, la cual puede llevar a la muerte en un alto porcentaje de mujeres.
Las hemorragias también se pueden producir por la falta de higiene al realizar el aborto y puede provocar riesgo vital o la muerte de la madre.
La infertilidad, es una consecuencia que se puede dar en las mujeres que se han practicado un aborto, muchas veces pasa inadvertido, porque no dan síntomas por lo que no se puede detectar clínicamente, pero producen alteraciones en el tracto genital que impiden que la mujer pueda volverse a embarazar.
Psicológicas: Las secuelas psicológicas, son más frecuentes que las físicas y muchas veces se dan por un largo período de tiempo, lo cual puede marcar de por vida a la madre.
Lo que más frecuentemente se producen son las alteraciones del ánimo, como la depresión, sentimientos de culpa, y las alteraciones del sueño, que se presentan en un 40% de estas mujeres. Le siguen en frecuencia las disfunciones sexuales, ideas o intentos suicidas, aumento del tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, etc.
Muchas mujeres no se dan cuenta de lo serio de los problemas que pueden llegar a sufrir. No se puede “deshacer” lo hecho como si nada hubiese pasado, porque a pesar de la liberación a corto plazo, un aborto trae problemas a largo plazo, porque el aborto tiene que ver con tres conceptos importantes que tienen que ver con el concepto que tiene la mujer de sí misma; su sexualidad, su moralidad y su identidad maternal y también implica la pérdida de un hijo.









